I like making bread. I don’t know why, but baking bread is one of the most rewarding experiences in the kitchen for me.
Maybe because I grew up in a place obsessed with bread, where there were literally bakeries everywhere, it never even crossed my mind to make it myself at home. I love the simplicity of the process. The precision of the measurements. The smell of freshly baked bread.
Bread in Europe has always been the equivalent of rice in many countries—the lowest common denominator of any meal. Especially in times of poverty in the past, when little food was available.
I remember reading in a book how even this absolute staple of the European diet was at risk during periods of scarcity. Some bakers began to cheat by mixing in lower-quality flours during the production process. Or they would increase the amount of water. Or, in the worst cases, they used powder or chalk mixed with the flour. Not to mention that the loaves kept getting smaller and smaller.
13th-century England had had enough of all this cheating and began to impose very strict rules to regulate the ingredients and weight of the bread people were buying. The penalties ranged from fines to being placed in the market pillory, even to prison sentences. Suddenly, bakers had to be very careful. Many started adding an extra loaf when selling a dozen to make sure they didn’t fall short on weight. That was the birth of what we still call in English a baker’s dozen.
But would a Mexican, a Bolivian, or a Spaniard understand you if you talked about such a dozen? No!
If you are or have been my student, you may have heard me say at some point: translate the forest, not the trees. By this I mean that you can’t think in English and translate word for word into Spanish and expect good results—at least not most of the time. You have to translate the forest. What new paths do I need to take in the new language to convey the same ideas?
Of course, this isn’t easy at the beginning. Our natural and somewhat naive tendency is to assume that things are said the same way in Spanish as in our own language, if only because it’s very hard to know what we don’t know. However, little by little, you have to let go of everything that is familiar and embrace the new language with its own logic, rules, and sometimes crazy combinations of words.
If there’s one thing you need to be especially careful about, it’s when you want to use expressions. “Baker’s dozen” means nothing in my language. No one will understand you. And in this case, there isn’t even an equivalent. Whether bakers in Castile were more honest, or whether no authority ever thought it worthwhile to create punishments for their cheating, is beyond me. But “baker’s dozen” doesn’t exist in Spanish and never will. So when you want to use expressions that work in English, please ignore the trees and look for the forest. Is there an equivalent in Spanish, using different words, to convey the same message?
One way or another, please walk with feet of lead… Oh! You don’t understand me? Of course you don’t! The expression “walk with feet of lead” (camina con pies de plomo) actually means “tread carefully,” which, by the way, if you translate it word for word, doesn’t mean anything in Spanish. Who knew?
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Me gusta hacer pan. No sé por qué pero hacer pan es una de las experiencias más gratificantes en la cocina para mí.
Quizás porque crecí en un lugar obsesionado con el pan y en el que literalmente había panaderías por todas partes, nunca se me había pasado por la cabeza la idea de hacerlo yo mismo en casa. Adoro la simplicidad del proceso. La precisión de las medidas. El olor a pan recién hecho.
El pan en europa ha sido siempre el equivalente al arroz en muchos países. El mínimo denominador de cualquier comida. Especialmente en los años de pobreza del pasado en los que había poca comida disponible.
Recuerdo leer en un libro como hasta este mínimo absoluto de la dieta europea llegó a estar en peligro en épocas de escasez. Algunos panaderos empezaron a hacer trampas mezclando harinas de menos calidad en el proceso de producción. O aumentaban la cantidad de agua. O en el peor de los casos usaban polvo o tiza mezcladas con la harina. Por no hablar de que los panes cada vez eran más pequeños.
La Inglaterra del s. XIII dijo basta a tantas trampas y empezó a poner normas muy estrictas para regular los ingredientes y el peso del pan que compraban los ingleses. Desde multas, hasta ser colocado en la picota del mercado hasta penas de cárcel. De repente, los panaderos tenían que tener mucho cuidado. Muchos empezaron a poner un pan extra cuando vendían una docena para asegurarse de que no se quedaban cortos con el peso. Fue el nacimiento de lo que hoy todavía llamamos en inglés la docena del panadero.
¿Pero te entenderá un mexicano, un boliviano o un español si le hablas de tal docena? ¡No!
Si eres o has sido mi estudiante, es posible que en alguna ocasión me hayas oído decir: traduce el bosque, no los árboles. Con esto quiero decir que no puedes pensar en inglés y traducir palabra por palabra al español y esperar nada bueno. No la mayoría de las veces. Tienes que traducir el bosque. ¿Qué nuevos caminos tengo que tomar en el nuevo idioma para transmitir las mismas ideas?
Por supuesto esto no es fácil al principio. Nuestra tendencia natural y algo inocente es suponer que las cosas se dicen igual en español que en nuestro idioma, aunque solo sea porque es muy difícil saber lo que no se sabe. Sin embargo, poco a poco hay que dejar ir todo lo que sabemos y nos es familiar y abrazar el nuevo idioma con sus nuevas lógicas, normas y combinaciones locas de palabras.
Si en algo debes tener especial cuidado y precaución es cuando quieras usar expresiones. La docena del panadero no significa nada en mi idioma. Nadie te va a entender. Y en este caso ni siquiera existe un equivalente. Si los panaderos de Castilla eran más honestos o si a ningún mandatario le vino a bien crear castigos contra sus trampas, es algo que se me escapa. Pero la docena del panadero no existe en español ni va a existir. Así que cuando quieras usar expresiones que funcionan en inglés, por favor, ignora los árboles y busca el bosque. ¿Existe un equivalente en español con diferentes palabras para transmitir el mismo mensaje?
De una forma u otra, por favor, anda con pies de plomo… ¡Ah! ¿Que no me entiendes? ¡Por supuesto que no! La expresión andar con pies de plomo significa actuar con mucho cuidado y precaución para evitar un problema.
